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DIPLOMADO EN MÚSICA LITÚRGICA

La Dimensión de Música Sagrada de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, ha organizado el presente Diplomado en Música Litúrgica, con la finalidad de que los participantes adquieran herramientas musicales para la lectura e interpretación de partituras, técnica y repertorio de canto litúrgico, así como conceptos fundamentales sobre documentos y normas que regulan el ministerio de la Música Litúrgica. Consta de diferentes partes y objetivos:
 
CONTENIDO
 
1.- SOLFEO Y ENTRENAMIENTO AUDITIVO.
Objetivos: Que el alumno adquiera herramientas que le permitan resolver los problemas que le presente una partitura musical con notación convencional, apropiándose de los conceptos básicos del lenguaje musical: ritmo y melodía.
 
2.- TÉCNICA DE CANTO Y VOCALIZACIÓN.
Objetivos: Que el alumno desarrolle las habilidades teóricas y prácticas que le permitan utilizar la voz de manera adecuada.
 
3.- REPERTORIO DE MÚSICA LITÚRGICA
Objetivos: Estudio de las reglas para la correcta selección de cantos litúrgicos, según los tiempos y las diferentes celebraciones. Además de la presentación y ensayo de cantos litúrgicos y recomendaciones para su adecuada interpretación.
4.- FUNDAMENTOS DE LITURGIA.
 
Objetivo: Que el alumno conozca los conceptos, bases y fundamentos de la Música Litúrgica, además de las enseñanzas del Magisterio sobre Música Sagrada en las diversas Encíclicas de los Papas, la Institución General del Misal Romano, materiales de la Conferencia del Episcopado Mexicano y diversos documentos.
 
DIRIGIDO A:
Cantores, coros, estudiantinas, organistas, salmistas y toda persona interesada en el servicio litúrgico a través de la música sagrada.
 
LUGAR: Seminario de Los Remedios.
 
DURACIÓN:
3 cursos de verano
En 2017 del lunes 24 al viernes 28 de julio.
 
HORARIO:
 
8:00 am a 2:00 pm.
 
SIN COSTO: Se pedirá el costo de recuperación de la impresión del material de trabajo.

Hace dos años comenzamos este Diplomado con el primer curso, asistieron 67 personas de diferentes parroquias de nuestra Arquidiocesis de Tlalnepantla. Fue una experiencia muy fructiiera para todos.

Seguimos adelante ahora con primer y segundo curso, Dios bendiga el trabajo y esfuerzo de nuestros estudiantes.

En este año sera una semana de estudio intensivo del solfeo, canto y la liturgia. Para la tercera semana preparamos tres dias de estudio y ensayo de repertorio de cantos litúrgicos para los diferentes tiempos y celebraciones.

Preparamos material interactivo con el cual trabajaremos durante el curso, para que los participantes conozcan el contenido y aprendan a trabajar con el durante el año; contiene conferencias en video, clases, podscats, pistas de vocalizacion, los apuntes del curso en pdf, documentos del Magisterio, partituras de cantos liturgicos, etc. Todo lo necesario para que puedan seguir trabajando en sus comunidades. 

Puedes traer una usb para pasarte el material.
Inscripciones al Diplomado en Música Litúrgica

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Conferencia duarante el Congreso de Música Litúrgica de la Arquidiocesis de Tlanepantla, Por el Pbro. Alejandro Ortiz.

Sin costo.
Accede desde cualquier computadora conectada a internet o dispositivo movil.
Avanza a tu ritmo y repasa las lecciones las veces que sea necesario.
Lecciones en video para que las puedas repasaar.
Te haremos llegar apuntes.
Te enseñaremos solfeo.
Vocalización.
Repertorio de cantos litúrgicos.
Profundizaremos en el conocimiento de la liturgia y documentos del magisterio sobre música sagrada.
Conferencia "El año Litúrgico" por el Pbro. Juan Manuel Venegas M.
Conferencia de Musica Sacra y liturgica por el Mtro. Gabriel Frausto. Congreso Summorum Pontificum
Los principios de la Música Litúrgica, para tenerlos siempre presentes en nuestro ministerio como cantores o coros.
Primer curso de Música Litúrgica, solfeo, vocalización, repertorio y liturgia.
Conferencia "La vivencia del tiempo pascual a la luz de la teología litúrgica" por el Dr. Fernando Sedano López.
Exelente texto sobre la música en la Eucaristía.
Sentido y partes de cada parte de la Eucaristía y sus cantos.
Conferencia "La Estructura y Espíritu de la Cincuentena Pascual" por Mons. Jonás Guerrero Corona.
El Tiempo Ordinario

Al Tiempo Ordinario también se le llama «tiempo durante el año» (en latín «tempus per annum») y antes, popularmente, «domingos verdes». Lo de «ordinario» no tendría que interpretarse como «poco importante» o «anodino». Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los «tiempos fuertes», que son el ciclo de Pascua y el de Navidad, con su preparación y su prolongación.

En rigor es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano:

Ø  La sucesión de los domingos y de las semanas, antes de que fueran surgiendo los varios ciclos de la Pascua o la Navidad. Y además ocupa la mayor parte del año: 33 o 34 semanas, de las 52.

Divididas en dos series:

Ø  Breve, entre la Navidad y la Cuaresma, va del lunes después del Bautismo del Señor, hasta el Miércoles de Ceniza exclusive.

Ø  Larga, desde Pentecostés hasta el siguiente Adviento. Va desde el lunes después de Pentecostés con una larga duración hasta el primer Domingo de adviento.
 
Constituye un tiempo ideal de celebración de las palabras y acciones de Cristo en el evangelio, de la vida cristiana según las exhortaciones de los apóstoles y una lectura de la historia de la salvación en el AT a la luz de la novedad de Cristo.

La Pascua semanal del domingo proyecta su luz sobre los otros días de la semana, entre los cuales la Iglesia hace resaltar discretamente algunos elementos del viernes que recuerdan la pasión del Señor, y con la posibilidad de celebrar la memoria de Santa María cada sábado que no esté ocupado por la memoria obligatoria de un santo.

LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA
 
No hay formularios especiales en el Misal romano para la celebración cotidiana de la Eucaristía en el tiempo ordinario como tal. Pero también aquí, en el gozoso espacio del cotidiano, se pueden celebrar las misas de los formularios dominicales del tiempo ordinario, la rica serie de misas para diversas categorías e intenciones que están en el Misal Romano y las misas votivas del mismo Misal. Una «geografía» del Misal romano que todo celebrante tiene que conocer y que ofrece la gran riqueza de formularios que pueden salir al encuentro de todas las necesidades de la oración para evangelizar la vida cotidiana y para encontrar las fórmulas apropiadas de la oración por la Iglesia y por sus fieles y ministros, por su misión evangelizadora y ecuménica, por la sociedad civil y todas sus necesidades. Es como si la Iglesia nos proveyese de todo lo necesario, el maná cotidiano, para poder «celebrar» los acontecimientos de la historia al hilo y al ritmo de los días.
Muchas de estas celebraciones están impregnadas de la letra y del espíritu de los documentos del Concilio Vaticano II.

Dependerá de la sensibilidad del celebrante y de la participación de la asamblea y de las circunstancias concretas de la vida de la comunidad, la capacidad de celebrar esos formularios en el ámbito de la Eucaristía cotidiana.
 
SIMBOLOS EN TIEMPO ORDINARIO
 
También durante el Tiempo Ordinario, tanto la liturgia como sobre todo la piedad popular, ejercitan una creatividad que produce una notable variedad de formas de celebración y veneración.

La procesión del Corpus, por las calles de una población o dentro de la iglesia o en su plaza adyacente, ciertamente es una tradición que, aunque sólo provenga del siglo XIII, ha arraigado hondamente en el pueblo cristiano y le ayuda a expresar su gratitud y su veneración hacia el Señor que se ha querido hacer Eucaristía para nosotros.
A eso se unen a lo largo del año otras formas de adoración eucarística, desde la visita personal al sagrario, y la exposición sencilla del Señor, o la exposición más prolongada, hasta la adoración nocturna una vez al mes o la adoración perpetua en algún templo especial.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, nacida hace dos o tres siglos, también se ha consolidado mucho, con actos de consagración personal o familiar o incluso social, y la práctica de los nueve primeros viernes, ideada sobre todo en unos tiempos en que había que favorecer la recuperación de la comunión, que aparecía muy disminuida.

Finalmente, las formas de expresar la devoción a los santos y, sobre todo, a la Virgen María son muy variadas: las fiestas mismas, sus novenas o triduos, la práctica del Angelus una o tres veces al día, el Rosario, ahora también con los misterios de la luz, referentes a la vida pública de Jesús, junto con los escapularios y medallas que concretan nuestro recuerdo y nuestra devoción a la Madre del Señor.

Toda una escuela de lengua verbal y no verbal, la de la liturgia y la de la piedad popular, para ayudar al pueblo cristiano a expresar y alimentar su fe.
 
 
CONTENIDO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
Presenta valores que nos pueden ayudar mucho en nuestra vida cristiana:
Ø  Nos ayuda a ir viviendo el misterio de Cristo en su totalidad,
Ø  Nos acompaña en la tarea de crecimiento y maduración de lo que hemos celebrado en la Navidad y en la Pascua,
Ø  Nos ofrece la escuela permanente de la Palabra bíblica, organizada en los varios leccionarios,
Ø  Nos hace descubrir la gracia de lo ordinario: encontramos a Dios también en los acontecimientos diarios,
Ø  Nos ayuda a vivir la vida cotidiana como tiempo de salvación: el «chronos», el tiempo inexorable, se va llenando de «kairós», los tiempos y encuentros de gracia.
 
El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical:

«En ti vivimos, nos movemos y existimos;
y, todavía peregrinos en este mundo,
no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor,
sino que poseemos ya en prenda la vida futura,
pues esperamos gozar de la Pascua eterna,
porque tenemos las primicias del Espíritu
por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos».
 
LAS LECTURAS EN EL TIEMPO ORDINARIO
 
Las variadas lecturas que ofrecen. Tanto los libros del AT como los del NT y sobre todo los evangelios, leídos prácticamente en su totalidad, son nuestro alimento diario, nuestra luz: en ellos Dios nos va enseñando sus caminos para que nuestra vida de cada día sea más conforme a su mentalidad y proyecto salvador.

Durante estas semanas, las dos lecturas de cada día no tienen unidad temática. Van cada una por su cuenta. Leemos, por ejemplo, durante una semana el libro de Tobías y a la vez vamos siguiendo el evangelio de Marcos. Ambas lecturas, de un modo semicontinuo.

Lo importante es que la Palabra que escuchamos y meditamos vaya transformando nuestra vida. Porque fue escrita y es proclamada con esa intención.
Podemos pensar en una división siguiendo la lógica de los evangelios:

Ø  Semanas 1-9, aunque estén interrumpidas por la Cuaresma-Pascua, tienen entre sí una unidad: van cambiando los libros que leemos del AT y del NT como primera lectura, pero son las semanas en que leemos el evangelio de Marcos;
Ø  Semanas 10-21, en que, alternando con diversas lecturas del AT y del NT, escuchamos al evangelista Mateo,
Ø  La lectura de Lucas, en las semanas 22-34.
 
TEOLOGIA DEL TIEMPO ORDINARIO
 
El día como presencia de Cristo

Parte el valor del tiempo cristiano, que en cualquier momento tiene su referencia total al misterio de Cristo y la historia de la salvación.

Para los cristianos cada día -desde la mañana hasta la noche- tiene un sentido cristológico; y por eso, en cada una de las horas de la oración de la Iglesia hay, junto con la dimensión cósmica, una memoria salvífica referida a lo que aconteció en esos momentos:

Ø  La mañana trae la memoria de la resurrección;
Ø  La hora de tercia recuerda la venida del Espíritu Santo;
Ø  La hora de sexta puede recordar la Ascensión;
Ø  La de nona, la crucifixión y muerte del Señor;
Ø  La de vísperas, el sacrificio vespertino de la cruz y de la cena; o también, la tarde del día de Pascua con la oración confiada de los discípulos de Emaús: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya declina» (Le 24,29);
Ø  La noche nos hace entrar en la espera escatológica del Señor, mientras confiamos al sueño nuestros cuerpos fatigados, tras haber contemplado un día más la salvación.
 
Estas motivaciones que ofrecen del día cristiano un sentido pascual pleno, quedan fijadas con diversos argumentos, simbolismos y evocaciones ya en la primera mitad del siglo III para toda la Iglesia. Por eso dentro de la sobriedad de lo cotidiano, cada día es para los discípulos del Señor una pascua cotidiana.

En efecto, cada día, como la Iglesia nos lo propone en su oración cotidiana, es un tiempo lleno de la memoria de Cristo, hecho sacrificio espiritual de la Iglesia y de los cristianos.

La pascua cotidiana de la Eucaristía

Pero en el centro de la experiencia cotidiana está la celebración de la Eucaristía que es siempre celebración, memorial, presencia y comunión del misterio de Cristo Crucificado y Resucitado. Podemos incluso decir que la aparente monotonía del único sacrificio eucarístico, celebrado todos los días, es precisamente lo que da valor a cada jornada del cristiano y la convierte en pascua cotidiana, como ya decían en su tiempo los Padres de la Iglesia para que los cristianos no quedasen con insaciable nostalgia de Pascua.

Decía san Juan Crisóstomo: «La Cuaresma se hace sólo una vez al año; sin embargo la Pascua se celebra tres veces a la semana o tal vez cuatro, o mejor cada vez que lo queremos. Pascua no consiste en el ayuno, sino en la oblación y en el sacrificio que se realiza en cada celebración...Cada vez que con conciencia pura te acercas a la Eucaristía, celebras la Pascua, porque Pascua es anunciar la muerte del Señor» (PG 48,867). El mismo recordaba a los cristianos, al pasar del tiempo pascual al tiempo ordinario, que «cada asamblea es una fiesta» por la presencia del Señor en medio de sus fieles (PG 54,669). San Agustín habla de la «celebración cotidiana de la Pascua» en la Eucaristía.

La Eucaristía aparece, pues, como el viático cotidiano en la historia monótona y ferial de los hombres, la Pascua diaria que da sentido pleno al trabajo y al descanso, a la enfermedad y a la muerte, al gozo y a la esperanza del cristiano. Así lo canta un hermoso texto de la liturgia actual, el VI prefacio dominical del tiempo ordinario: «En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos».

Sin embargo, podemos decir que la realidad cotidiana nos ofrece el todo de la Eucaristía y su tremenda monotonía, envuelta en la inmensa variedad de la palabra de Dios, siempre nueva cada día. Se trata en realidad de una preciosa y paradójica monotonía, que nos dice que Dios no tiene más que decirnos y que darnos que el misterio pascual de su Hijo. Así el misterio de la Pascua cotidiana se conjuga con la riqueza y variedad de la oración y de la palabra, con la sinfonía de aspectos del misterio de Cristo que se proclaman y que se oran en la Iglesia y que son como el comentario que jamás se agota del misterio insondable de Cristo.
Feliz espacio de la palabra y de la oración, de la Eucaristía de Cristo y de la vida de la Iglesia, el tiempo ordinario es tiempo del Señor, tiempo fuerte de la perseverancia en el que se profundiza y asimila en el misterio de los cristianos el misterio pascual de Cristo.
 
 
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